jueves, 3 de mayo de 2007

Murió en Moscú Borís Nikoláyevich Yetsin, un moderno Iván el Terrible

Primer presidente de la Federación Rusa, tras colapsar la Unión Soviética y su bloque en 1990/1, condujo una fase borrascosa. Signada además por megacorrupción: se malvendieron activos estratégicos y surgió una clase de magnates predatorios.Por otra parte, para muchos rusos Yetsin desmanteló el régimen comunista, que nunca lo fue en realidad, sino una dictadura inicialmente leninista y luego estalinista. Eliminado Józif Dyugashvili –era georgiano- en 1953, el sistema fue mutando hasta que, por fin, se derrumbó presa de sus contradicciones internas y un deplorable manejo económico.
Todavía con Yelsin al mando, el mismo público que en 1991 lo aclamó cuando se subió un tanque, para afrontar un golpe neocomunista, comenzará luego a añorar los tiempos de la URSS. En efecto, salvo para un grupo de ex burócratas convertidos en dirigentes políticos, banqueros o empresarios, la vida seguía siendo dura y los supermercados estaban medio vacíos.
Las terapias de choque, aconsejadas por el Fondo Monetario Internacional, empobrecieron a millones. Luego, la guerra de Chechenia se combinó con las frecuentes borracheras presidenciales. Era un Iván IV redivivo, pero ni tan terrible ni tan carismático como ese tsar del siglo XV.
“Hoy, lunes 23 de abril, 9 en el calendario ortodoxo, a las 3:35 hora local, dejó de existir en el hospital clínico central Borís Nikoláyevich Yeltsin. El desenlace –señala un terso comunicado del Kremlin- deriva de graves problemas cardiovasculares”. Míjail Gorbachov, último presidente soviético a quien Yeltsin virtualmente depuso, fue el primero en exaltar sus virtudes sin silenciar sus defectos.
Mucho más frío y distante, su sucesor –Vladyímir Putin-, que asumió en 1999, se limitó a transmitir telefónicamente condolencias a la viuda. En un sentido, la muerte de Yelstin sorprendió a una Rusia que esperaba otro deceso, el del cellista y director de orquesta Mstíslav Rostropóvich.
Por cierto, el caos legado a Putin le permitió a éste ir anulando o vaciando reformas democráticas y reconvertirse en virtual presidente monárquico. Como los de Iván el terrible, sus enemigos o rivales suelen vivir mucho o terminan en Siberia.